jueves, 6 de agosto de 2015

La LLave.


“Policiaco”...  “Recollageado” y enmarcado en  formato 30 X 40 Cms. Autor: Víctor José Guindo Singh. 
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La llave.

Hoy  he vuelto a la casa que heredó mi padre del suyo, donde vivimos todos antes de que me internaran en aquel colegio de monjas; he ido con mi abuela y hemos encontrado sobre la mesa una llave que  no sabíamos cuál puerta abriría... Después de hurgar por toda la casa, mi abuela ha descubierto un falso suelo en el armario de la habitación donde murió el abuelo paterno, esa misma habitación donde mi padre no dejaba entrar a nadie; debajo del falso suelo hay un cajón que se abre con esa llave; dentro del mueble vacío, en el fondo, estaba esta foto donde aparezco junto con mi mamá y mi hermano... él murió de tifus hace dos años; nunca le volví a ver, me lo comunicaron en el colegio... mi madre también ha muerto de tuberculosis en la cárcel; hace apenas dos meses que también me lo han comunicado y, de igual forma, nunca más le volví a ver...

-Abuela, cuéntame qué sucedió ¿tú lo sabes?...

-Sí; tu madre me dijo que Julia, La Espiritista, le convenció de que tu padre tenía una amante y también la convenció de que tenía que matarle para venganza y para hacerse con cierta llave de un cofre donde supuestamente se guardaba una considerable cantidad de  dinero mal habido... le dijo en cuál casa estaría esa noche de luna nueva tu padre; le indicó que tenía que vigilarle y que, al salir, debía de golpearle desde atrás en la cabeza, quitarle la llave, coger el dinero y marcharse a toda prisa con ustedes, bien lejos... pero quien salió de la casa esa noche y tu madre le mató  fue el marido de Julia...  La Espiritista se marchó luego; dicen las malas lenguas que para reunirse con tu padre de quien algunos ya sabían que era su amante...

-¿Entonces, mi padre  se habría marchado antes de que todo sucediera?...

- No, a tu padre no se le volvió a ver precisamente  desde la misma noche en la que tu madre mató al marido de Julia...

Epílogo.

El rastro de Julia Ramírez Soto, "La Espiritista",  se pierde en un cementerio municipal a dos mil doscientos veinte y cinco kilómetros de distancia de los hechos que se narran, en una tumba donde reposan los restos de una mujer extranjera de 111 años de edad que murió de tifus dos años atrás. Sobre la losa de la tumba hay una lápida de mármol con un epitafio en Hebreo que dice:  

"Las llaves casi siempre abren al silencio de los rehenes."

(Short Story, Autor: Víctor José Guindo Singh.)